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La Prehistoria y la Edad Antigua. Los orígenes del hombre

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1. LOS ORÍGENES DEL HOMBRE Y EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN

El proceso de hominización

Reconstrucción de práctica caníbal de Atapuerca

Reconstrucción de práctica caníbal de Atapuerca

Se denomina hominización al proceso evolutivo que, a partir de primates anteriores, llega hasta el hombre actual. Este proceso se inicia en África oriental, donde se encuentran los restos de homínidos más antiguos.

Hace unos 1.800.000 años, dentro de este proceso evolutivo, aparece en África una nueva especie denominada Homo Ergaster. Homo Ergaster evolucionaría en una doble dirección dando lugar a nuevas especies:

– Homo Erectus, que colonizó Asia y fue la primera especie de ese continente.

Homo Antecessor que, desde África y el Próximo Oriente, inició la colonización de Europa. Podemos decir así que Homo Antecessor es el primer homínido que aparece en el continente europeo.

El proceso de hominización en la Península Iberica: Nuevos hallazgos

Comparación entre homo sapiens neanderthalensis y el hombre actual (homo sapiens sapiens)

Comparación entre homo sapiens neanderthalensis y el hombre actual (homo sapiens sapiens)

El resto de homínido más antiguo encontrado en la Península, y también en Europa, es un fragmento de mandíbula aparecido en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) con una antigüedad de 1.300.000 años. Hasta ahora se pensaba que este resto pertenecía a la especie “homo antecessor” pero recientes hipótesis plantean que corresponden a una especie anterior. Sí son de “homo antecessor” los restos de Atapuerca datados en hace unos 800.000 años y que parecen corresponder a individuos víctimas de prácticas de canibalismo.

“Homo antecesor” tuvo una doble evolución:

a) En Europa, evolucionó hacia una nueva especie conocida como “homo heidelberguensis”, que también aparece en Atapuerca con una antigüedad de unos 300.000 años. Los restos encontrados fueron depositados en lo que parece ser la práctica funeraria más antigua conocida. A su vez, esta especie evoluciona hacia “homo neanderthalensis”, que ya domina el fuego y estaría presente en la Península desde hace unos 100.000 años. Los últimos hallazgos encontrados en la cueva de “El Sidrón” (Asturias) han permitido reconstruir con mucha fiabilidad esta especie y su capacidad de supervivencia.

b) En África, “homo antecessor” evolucionó hacia una especie de mayor capacidad intelectual llamada “homo sapiens sapiens” u “hombre de Cromagnon”, que es la especie actual. Hace unos 40.000 años esta especie de origen africano llega a la Península y parece que pudo co-existir durante un tiempo con “homo neanderthalensis”. Pero la superioridad de “homo sapiens sapiens” hace que hacia 000 a. C. sea ya la única especie presente en la Península mientras que “homo neanderthalensis” termina por extinguirse.

2. LA PREHISTORIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

La Prehistoria peninsular se extiende desde la aparición de los primeros homínidos hace 1.300.000 años hasta 1.000 a. C., cuando ya existen referencias escritas sobre los pueblos que habitan en la Península. Podemos distinguir las siguientes etapas:

El Paleolítico

Es el periodo más largo de la Historia de la Humanidad. En la Península Ibérica abarca desde la aparición de los primeros homínidos hasta aproximadamente 9.000 a.C.

Durante este periodo la vida de los homínidos es muy precaria. Su existencia se basa en una economía depredadora, es decir, el hombre se alimenta de los recursos que puede coger, ya sea mediante la caza o mediante la recolección.

Este tipo de economía sólo permite subsistir a pequeños grupos por lo que la densidad de población es muy reducida. Estos grupo u hordas, en los cuales la cooperación es fundamental para subsistir (organizar las cacerías, la defensa, etc.), a veces rivalizan y pueden practicar el canibalismo. La búsqueda del alimento les obliga a practicar el nomadismo.

En el seno del grupo la jefatura se basa en la bravura y la destreza de los cazadores, cuya habilidad les otorgaría cierto prestigio.

La tecnología es muy rudimentaria y se basa en la piedra tallada.

A finales del periodo, durante el llamado Paleolítico Superior, se produce una revolución tecnológica, consistente en la aparición de nuevas armas, como el arco y la flecha, y en la utilización de nuevos materiales como el hueso y el asta.

También durante el Paleolítico Superior encontramos los primeros ejemplos de arte, localizado en las cuevas del área cantábrica y cuya muestra más espectacular aparece en la cueva de Altamira (Cantabria). Destacan sobre todo las representaciones de figuras animales en el interior de las cuevas. Esto hace pensar que estas manifestaciones artísticas tenían un sentido mágico-religioso.

El Epipaleolítico

Se denomina así al periodo que abarca entre 9.000 y 5.000 a. C. Es un periodo de transición hacia el Neolítico. Los aspectos más relevantes de este periodo son el crecimiento demográfico y el perfeccionamiento de los útiles de piedra, más pequeños y precisos. Coincide también con un cambio climático que se manifiesta en el fin de las glaciaciones.

El Neolítico

La Revolución Neolítica constituye una de las más importantes transformaciones que ha experimentado el hombre. El hombre pasa de practicar una economía depredadora a desarrollar una economía productora. Es decir, el hombre produce sus propios alimentos practicando la agricultura y la ganadería.

La obtención de más alimentos favorece el crecimiento demográfico. Los grupos son más numerosos y se hacen sedentarios. Surgen así las aldeas. La organización social se basa en la tribu, cuyos miembros son descendientes de un antepasado común.

La destreza y la habilidad ya no tienen tanta importancia y se valora más el saber y la experiencia. El consejo de ancianos constituye la principal autoridad.

Desde el punto de vista tecnológico se producen importantes cambios: la piedra tallada deja paso a la piedra pulimentada, necesaria para hacer morteros y otros útiles. Pero, sobre todo, aparece la cerámica y el telar.

La Revolución Neolítica comenzó en el Oriente Próximo. Hacia el 5.000 a. C. las primeras influencias neolíticas llegan a la Península, especialmente al sudeste donde, concretamente en la zona de Almería, se desarrollarán los principales núcleos neolíticos.

En el terreno artístico encontramos nuevas manifestaciones que se localizan en el área levantina. En esta zona encontramos representaciones de escenas de caza en las que aparece la figura humana y que, a diferencia de la zona cantábrica, se sitúan en la entrada de cuevas y abrigos naturales.

La Edad de los Metales

A partir del 2.500 a C. tenemos constancia de la presencia de la metalurgia en la Península. En una primera fase encontramos útiles fabricados en cobre hasta que éste es sustituido por el bronce (aleación de cobre y estaño), más resistente. El hierro es el protagonista de la tercera fase dentro de este periodo pero la introducción de este metal corresponde a época histórica, ya a partir del 1.000 a. C.

Nuevamente, corresponde al Sudeste peninsular el desarrollo de las más importantes culturas metalúrgicas de la Península. Las manifestaciones más destacadas de la Edad de los Metales en esta región son las llamadas Cultura de los Millares y la Cultura de El Argar.

En este periodo aparece el fenómeno del megalitismo, es decir, la construcción de monumentos funerarios a base de megalitos o grandes piedras, como menhires y dólmenes. Las construcciones más elaboradas son las cuevas dolménicas en las que la cámara sepulcral aparece precedida de un pasillo o corredor, como la cueva de Menga en Antequera (Málaga). En Baleares se desarrolla la cultura talayótica cuyo principales monumentos son las “taulas” de Menorca.

3. LA ESPAÑA PRERROMANA (1.000 a.C. – 19 a.C.)

La península a partir del año 1.000 a. C.

Desde el año 1.000 a. C. hay referencias escritas acerca de los pueblos que habitan la Península. En estos momentos iniciales de la Edad Antigua podemos destacar dos grandes procesos históricos: la llegada de los indoeuropeos y el desarrollo de Tartessos.

La llegada de los indoeuropeos

Los indoeuropeos constituyen un conjunto de pueblos que, desde las llanuras euroasiáticas, se extendieron por toda Europa y gran parte de Asia, lo que explica que todos los idiomas hablados en Europa, salvo el vasco, el húngaro, el finés y el estonio, sean de origen indoeuropeo. También son de origen indoeuropeo un conjunto de lenguas que se extienden desde Irán a la India.

Dentro de los pueblos indoeuropeos destacaban los celtas. Éstos se extendieron por los confines más occidentales de Europa. En la Península se distribuyeron sobre todo por el centro y el norte, donde se fundieron con los habitantes originarios de estas áreas.

Los indoeuropeos son los responsables de la introducción del hierro. Sus formas de vida eran poco evolucionadas, tenían unas estructuras tribales y una economía poco desarrollada.

Expansión de los pueblos indoeuropeos.

Expansión de los pueblos indoeuropeos.

El desarrollo del reino de Tartessos

En el suroeste peninsular, en la zona del Bajo Guadalquivir, se desarrolla una importante civilización conocida como Tartessos. Hay fuentes como la Biblia que hablan de un río Tarsis que podría ser el Guadalquivir. Se sabe muy poco de esta civilización aunque sí hay constancias de que tenía una organización política avanzada, puesto que el gobierno recaía en la figura de un rey. También la economía estaba muy desarrollada, destacaban la actividad artesanal y la práctica de un activo comercio. A partir de 500 a.C. desaparece misteriosamente toda referencia a esta civilización.

Pueblos prerromanos. Colonizaciones históricas: Fenicios, griegos y cartagineses.

Desde el siglo VIII a.C. una serie de pueblos del Mediterráneo oriental, muy avanzados culturalmente, llegaron a la Península donde dejaron su impronta cultural. Estos pueblos no tenían ambiciones territoriales y se limitaban a fundar colonias, es decir, ciudades ubicadas en la costa mediterránea y el litoral atlántico al otro lado del Estrecho de Gibraltar. El objetivo de estas colonias era establecer lazos comerciales con los pueblos indígenas peninsulares. La consecuencia más importante será que los pueblos indígenas del sur y del este peninsular experimentarán un importante desarrollo cultural al recibir la influencia de estos pueblos.

Los primeros en llegar fueron los fenicios, que fundaron colonias en el sur y el sudeste. Las más importantes de todas ellas serían Cádiz e Ibiza. Los griegos extendieron su influencia por el nordeste, donde fundaron sus colonias más importantes: Rosas y Ampurias.

Hacia el 250 a. C. se instalan los cartagineses, pueblo procedente de Cartago, ciudad de origen fenicio situada en el norte de África. Pero, a diferencia de los anteriores, los cartagineses desarrollaron una política más agresiva destinada a obtener tributos y soldados de los pueblos sometidos y a explotar las riquezas minerales de la Península. Con este fin fundaron la ciudad de Cartago Nova (Cartagena)

Como consecuencia de los procesos señalados, antes de la llegada de los romanos existían en la Península varios pueblos que podemos agrupar en dos áreas:

a) Los pueblos del área celta.

Se distribuyen por el centro y el norte peninsular y surgieron de la fusión de los pueblos indígenas con los indoeuropeos llegados a partir del año 1000. Sus características son las siguientes:

– Practican una economía atrasada basada en el pastoreo, una agricultura rudimentaria y el pillaje sobre otros pueblos.

– La base de su estructura social es la tribu, que agrupa a todos los descendientes de un antepasado común.

– Desde el punto de vista político están poco evolucionados y tan solo destacan jefes militares cuyo prestigio les daría cierta capacidad de liderazgo.

Aunque su origen es anterior a la llegada de los indoeuropeos, también participan de estas características los vascones.

b) Los pueblos del área ibérica.

Los iberos constituyen un conjunto de pueblos que aparecen en la costa del sur y del este penínsular. Son resultado de la influencia cultural que fenicios y griegos, así como Tartessos, ejercieron sobre los habitantes originarios de esta zona. Los íberos están bastante evolucionados y presentan estas características:

– Su economía está bastante desarrollada, con una importante artesanía, un activo comercio y uso de moneda.

– La sociedad de estos pueblos está bastante estratificada y existen grandes diferencias sociales: domina una aristocracia terrateniente, hay grupos de comerciantes, artesanos y campesinos, y en la base social la forma una masa de esclavos.

– Políticamente, se organizan en ciudades-estado, en las que el poder sería ejercido por un monarca o un senado que actúa como una asamblea aristocrática.

Colonizaciones griegas y fenicias

Colonizaciones griegas y fenicias

 

Áreas culturales de la España prerromana

Áreas culturales de la España prerromana

4. LA HISPANIA ROMANA (218 a. C. – 476 d. C.)

Orígenes de la conquista de la Península Ibérica por Roma

Durante el siglo III a. C. Roma se encontraba inmersa en una política de expansión por el Mediterráneo. Los factores que explican este expansionismo son varios:

  • Los deseos de la aristocracia senatorial romana de incrementar sus tierras.
  • La búsqueda de esclavos y materias primas que explotar.
  • La posibilidad de prestigio que daban las guerras como forma de promoción política entre las elites romanas.

Esta acción expansiva pronto provocó el enfrentamiento entre Roma y Cartago, originando las llamadas Guerras Púnicas.

Durante la Primera Guerra Púnica, Roma consigue expulsar a los cartagineses del sur de Italia, de Cerdeña y Sicilia. Para compensar estas pérdidas, Cartago intenta reforzar sus posiciones en la Península Ibérica donde pretende obtener recursos y mercenarios con que hacer frente a un nuevo conflicto con Roma. Esto es lo que lleva a los generales de la dinastía Barca (Amílcar, Asdrúbal y Aníbal) a conquistar una amplia franja territorial en el sur y fundar la ciudad de Cartago Nova (Cartagena).

El ataque de los cartagineses a Sagunto, ciudad ibera aliada de Roma, será el pretexto para que el ejército romano intervenga en la Península y declare la guerra a los cartagineses.

Dominios cartagineses en la Península Ibérica

Dominios cartagineses en la Península Ibérica

Conquista y romanización: La pervivencia del legado cultural romano en la cultura hispánica

La conquista de la Península por Roma se extiende a lo largo de un periodo de unos 200 años, en el que podemos distinguir tres etapas.

a) Segunda Guerra Púnica (218 – 200 a.C.): coincide con el enfrentamiento entre Roma y Cartago. Al final, Roma se asegura el control de la zona este y sur de la Península, es decir, el territorio que habitaban los pueblos del área ibérica.

b) Guerras celtíbero-lusitanas (155-133 a.C.): Roma inicia la conquista del centro y el oeste Pero se enfrenta a la dura resistencia de los pueblos del área celta. Especialmente dura fue la guerra contra los lusitanos, dirigidos por su jefe Viriato, que finalmente fue víctima de una traición. También intensa fue la resistencia de los celtíberos, manifiesta en el asedio y destrucción de Numancia.

c) Guerras cántabro-astures (29-19 a.C.). El propio emperador Augusto viene en persona a dirigir la guerra contra los pueblos del norte, los únicos que no habían sido sometidos. Finalmente, se llegó a controlar y arrinconar a estos pueblos en las áreas montañosas, pero no se logró dominarlos totalmente.

Tras la conquista comienza la romanización. La romanización es el proceso a través del cual las poblaciones sometidas por Roma van asimilando la cultura y las formas de vida romanas. La romanización penetró por tres vías fundamentales:

– Las ciudades: algunas eran ciudades indígenas refundadas por los romanos, en otras ocasiones eran ciudades nuevas creadas para asentar a colonias de ex-soldados a los que se recompensa con la entrega de tierras. La ciudad era un centro de atracción y de irradiación de la cultura romana.

– El ejército: algunos campamentos militares se acabaron convirtiendo en ciudades con lo que también contribuyeron a la romanización pero, además, muchos indígenas se integraron en el ejército como forma de promoción social, ya que al cabo de varios años de servicio podían obtener tierras o la ciudadanía romana.

– La extensión de la ciudadanía romana como recompensa a grupos o personas fue otra vía de romanización.

Pero la romanización no afectó por igual a todo el territorio. Las regiones meridionales y la costa mediterránea fueron las más romanizadas, sobre todo porque los pueblos iberos allí asentados antes de la conquista ya tenían un nivel cultural y unas formas de vida mucho más parecidas a las romanas.

Por el contrario, todo el norte peninsular apenas fue romanizado, pues allí vivían pueblos como los astures, cántabros y vascones, con unas formas de vida aún poco evolucionadas y que mantenían la resistencia a la dominación romana.

Como consecuencia de la romanización, el legado cultural dejado por Roma se puede resumir en cinco puntos:

  • La generalización del uso del latín, del que derivan todas las lenguas españolas salvo el vasco.
  • La organización municipal.
  • El derecho, que será la base del derecho actual.
  • El arte.
  • La religión, ya que tanto los primeros cultos paganos como el posterior cristianismo acabaron siendo las creencias mayoritarias en la Península.
Segunda Guerra Púnica

Segunda Guerra Púnica

 

Etapas de la conquista romana

Etapas de la conquista romana

La administración de Hispania

Para administrar el territorio Roma dividió Hispania en provincias.

Al principio, cuando el territorio conquistado abarcaba sólo el sur y el este peninsular, éste se dividió en dos provincias: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior, que tenían su divisoria en la desembocadura del río Segura. Posteriormente, estas provincias se subdividieron hasta llegar a ser seis:

  • Gallaecia, que se extendía por el noroeste, con capital en Bracara Augusta (Braga, en Portugal).
  • Lusitania, que abarcaba el oeste, con capital en Emérita Augusta (Mérida).
  • Bética, que comprendía el valle del Guadalquivir, con capital en Corduba (Córdoba)
  • Cartaginensis, que se extendía por el centro y el sudeste, con capital en Cartago Nova (Cartagena).
  • Tarraconensis, que abarcaba el valle del Ebro, con capital en Tarraco (Tarragona).
  • Bética, que incluía el valle del Guadalquivir y tenía capital en Corduba (Córdoba).
  • Baleárica, formada por las islas Baleares, con capital en Pollentia (Pollença).
Primera división provincial de Hispania

Primera división provincial de Hispania

Definitiva división provincial de Hispania

Definitiva división provincial de Hispania

La crisis del Imperio Romano

A partir del siglo III d. C. el Imperio Romano entra en un periodo de crisis que conducirá a su decadencia final. El origen último de la crisis se encuentra en el desarrollo de la esclavitud como principal sistema de producción. El empleo de esta mano de obra barata había supuesto un estancamiento tecnológico, ya que no existía ningún incentivo para modernizar los métodos de trabajo. Pero, además, el trabajo esclavo es muy poco productivo y sólo puede utilizarse en tareas rudas y pesadas. Por otra parte, a medida que se alejaban los frentes de guerra, los esclavos empezaban a escasear y su precio se elevaba. Esto tuvo varias consecuencias:

– Crisis económica: la producción empieza a disminuir, se hunde la artesanía y el comercio. Al languidecer las actividades urbanas, las ciudades inician su decadencia.

– Crisis social: Se agudiza la polarización social: los ricos aprovechan la crisis para acaparar más tierras mientras que la plebe se enfrenta a la miseria, el hambre y la subida de impuestos. El descontento social se manifiesta en revueltas, incremento del bandolerismo, etc.

– Crisis política: el emperador refuerza su poder para poder reprimir las revueltas y hacer frente a las mayores exigencias fiscales. En esta labor, depende cada vez más del ejército, del que acaba siendo instrumento. Se llega a una verdadera anarquía militar, durante la cual algunas legiones del ejército destituyen e imponen a emperadores que son marionetas de los intereses militares.

– Crisis ideológica: la vieja religión pagana, fría y distante, pierde apoyo entre un pueblo desesperado. En su lugar, crecen las religiones mistéricas que ofrecen un atractivo ritual, sacrificios y esperanza de salvación en un más allá. Las más importantes religiones de este tipo son las que rinden culto a Mitra, Isis, o Cristo.

– Crisis exterior: Carente de recursos, los emperadores apenas pueden defender las fronteras del Imperio, cada vez más permeables a la penetración de los bárbaros o extranjeros.

Consecuencias de la crisis

Ante este panorama, se producirá una reordenación de las estructuras económicas y sociales del mundo romano.

– Se produce un proceso de ruralización: las ciudades pierden población que se asienta en el campo, allí donde se producen los alimentos.

– Surge una nueva estructura social basada en los lazos de dependencia entre los poderosos y los débiles: La aristocracia terrateniente ofrece protección a los débiles, ya sea frente a la violencia de los bandoleros, las incursiones de los bárbaros o las exigencias fiscales del emperador. A cambio, los miembros de la plebe se comprometen a trabajar en las tierras de los poderosos. Aparece así una nueva clase social, los colonos: éstos proceden de los antiguos esclavos liberados o de antiguos campesinos libres. Ahora no son esclavos pero tampoco totalmente libres, ya que tienen una relación de dependencia con el poderoso, cuyas tierras trabajan y no pueden abandonar.

– Desde el punto de vista político, el emperador se ve incapaz de hacer frente a tal cantidad de problemas. Por esta razón, el imperio se divide en dos mitades:

* El Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, cada vez más debilitado. * El Imperio Romano de Oriente, conocido como Imperio Bizantino, con capital   en Constantinopla y mayor capaz de resistencia.

– El cristianismo se convierte principal religión apoyada por el emperador como forma de legitimar su poder. En 385 d. C. se convierte en la única religión oficial del Imperio y el emperador se presenta como representante del único Dios en la tierra. A cambio, la Iglesia obtiene importantes privilegios, empieza a acaparar tierras y se convierte en uno de los grandes terratenientes con sus propios colonos.

– Ante la presión de los bárbaros, el emperador tiene que permitir la entrada de algunos de estos pueblos, sobre todo de origen germánico. Roma firma tratados por los que algunas de estas tribus se instalan dentro de las fronteras del Imperio a cambio de ayudar a luchar contra otros pueblos.

Finalmente, en 476 un grupo de bárbaros destituye al último emperador de Occidente, lo que marca el fin del Imperio Romano de Occidente.

Penetración de los bárbaros en el Imperio romano

Penetración de los bárbaros en el Imperio romano

5. LA ESPAÑA VISIGODA (476-711)

Las invasiones bárbaras. El reino visigodo: Instituciones y cultura

reino-visigodo-toulouseEn 409 d.C. la Península sufre la invasión violenta de una serie de pueblos: suevos y vándalos, de origen germánico, y alanos, de origen asiático.

El emperador romano, incapaz de expulsar a estos pueblos, firma un foedus (tratado) con los visigodos, uno de los pueblos germánicos más romanizados y que se había instalado con anterioridad dentro del Imperio. En virtud de este tratado los visigodos se comprometían a expulsar a suevos, vándalos y alanos de la Península, y a cambio recibirían tierras en el sur de la Galia y en Hispania.

Los visigodos consiguen expulsar a vándalos y alanos, y arrinconan a los suevos en el noroeste, donde se formará un reino suevo independiente. Como parte del pacto, los visigodos se asientan en el sur de la Galia en torno a Toulouse, así como en algunas zonas de Hispania.

En el año 476, al ser depuesto el último emperador romano de Occidente, el rey de los visigodos queda como máxima autoridad en el sur de la Galia y en Hispania. Se forma así el llamado Reino de Toulouse, por ser ésta la capital.

Sin embargo, pronto comienzan los conflictos con los francos, otro pueblo germánico que ha formado un reino en el norte de la Galia. En 507 se produce la batalla de Vouillé entre francos y visigodos. Éstos son derrotados y expulsados de la Galia. Se produce entonces el asentamiento masivo de los visigodos en Hispania y se forma el Reino visigodo de Toledo, convertida en la nueva capital.

En la cúspide de la estructura política aparece una monarquía electiva. El rey es elegido por una asamblea de nobles y obispos, lo que será fuente continua de conflictos.

En su tarea de gobierno, el rey se encuentra asesorado por un consejo de nobles llamado Aula Regia. Los altos cargos de la administración son también reclutados entre la alta nobleza y constituyen el Officium Palatinum.

Pero de entre todas las instituciones destacan los Concilios de Toledo. Son asambleas solemnes en las que el rey se reúne con obispos y nobles. Estas asambleas aprueban las leyes más importantes del reino y reflejan la estrecha alianza entre religión y política. Al ser los obispos un elemento importante de esta institución, la Iglesia daba legitimidad a las leyes allí aprobadas y a la labor de los reyes.

La cultura se limita a los círculos religiosos, sobre todo a los monasterios donde se intenta copiar o conservar los escasos libros que se conservan de la Antigüedad. Destaca la labor de Isidoro de Sevilla que en su obra Las Etimologías hace una recopilación de todo el saber antiguo conservado hasta entonces.

Reino visigodo de Toledo

Reino visigodo de Toledo

Los grandes problemas de la monarquía visigoda

Los visigodos constituyen una minoría de 80.000 personas que se asienta sobre una población de unos 4.000.000 hispano-romanos. Esto hizo que la cultura y el modo de vida romanos siguieran siendo dominantes. De hecho, los visigodos mantuvieron las estructuras administrativas romanas, pero tuvieron que hacer frente a varios problemas:

Unificación territorial.

Los visigodos aspiraban a crear una monarquía sobre toda la Península, pero había varios territorios que escapaban a su control: en el noroeste se mantenía el reino suevo independiente; en el área cantábrica cántabros y vascones continúan su resistencia a cualquier dominio y, en el sureste, los bizantinos habían ocupado una larga franja litoral desde el cabo de la Nao hasta el Estrecho de Gibraltar.

Fue el rey Leovigildo el que logró impulsar la unidad territorial. Se conquistó el reino suevo, se expulsó a los bizantinos y se lanzó una dura ofensiva contra los pueblos del Norte aunque sin llegar a someterlos. Se fundó una ciudad, origen de la actual Vitoria, como base desde la que controlar las posibles incursiones de los vascones.

Unificación religiosa

Los visigodos se habían convertido al cristianismo bajo la forma del arrianismo. Era ésta una doctrina condenada por los católicos ya que no consideraba a Cristo como Dios, sino sólo como hijo de Dios. Sin embargo los hispano-romanos eran católicos.

Los visigodos mantenían el arrianismo como una seña de identidad, pero esto constituía una fuente de conflictos con la mayoría hispano-romana. Finalmente, en el III Concilio de Toledo el rey Recaredo estableció la conversión de los visigodos al catolicismo con lo que se logró la unificación religiosa.

Unificación jurídica

Desde un principio, visigodos e hispano-romanos se regían por leyes distintas, estaban prohibidos los matrimonios mixtos y existía otro tipo de discriminaciones. Finalmente, el rey Recesvinto estableció la unificación jurídica creando un código de leyes común a todos.

La crisis de la Monarquía Visigoda

El reino visigodo se vio continuamente aquejado de una grave contradicción: por una parte, los monarcas tendían a implantar un poder fuerte y autoritario; pero, por otra parte, la alta nobleza y la Iglesia intentaban consolidar su poder y se oponían al fortalecimiento de la monarquía. Este conflicto tuvo varias consecuencias:

Inestabilidad política provocada por continuas revueltas nobiliarias contra el poder del rey.

– Frecuentes guerras civiles entre diferentes grupos nobiliarios por controlar el poder.

Intervención exterior ya que la nobleza rebelde no duda en pedir ayuda a otros pueblos para derrocar al rey. Estas solicitudes de ayuda fueron la razón de la llegada de los bizantinos y, en 711, provocarán la conquista de los musulmanes.


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