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La Península Ibérica en la Edad Media: Al-Ándalus

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1. Orígenes de la conquista musulmana

A finales del siglo VII los árabes han creado un imperio que ha llevado el Islam desde el río Indo hasta el norte de África. Pronto, la crisis interna de la Monarquía visigoda propiciará la conquista de la Península por los musulmanes. Al-Andalus será el nombre con que los musulmanes designarán al territorio peninsular que dominan.

La conquista musulmana se produce cuando un grupo de nobles visigodos, deseando derrocar al rey Rodrigo, pide ayuda al gobernador árabe del Norte de África. Un contingente musulmán mandado por Tarik desembarca en la Península en el año 711 y en la batalla de Guadalete derrota al rey Rodrigo y sus tropas.

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2. Evolución política: Conquista, Emirato y Califato de Córdoba

Tras la derrota visigoda en Guadalete, y ante la debilidad del reino visigodo, los musulmanes deciden ocupar la Península, cuya conquista se completa en apenas tres años. La razón de esta rápida conquista reside en la escasa resistencia que encontraron los musulmanes, favorecida por el hecho de que éstos no imponían el Islam a los pueblos conquistados. De hecho, la gran mayoría de la nobleza peninsular se rindió ante los nuevos invasores mediante capitulaciones, pactos según los cuales los musulmanes se comprometían a respetar la religión, propiedades y leyes de los conquistados a cambio de que éstos reconociesen la nueva autoridad política y el pago de los impuestos correspondientes.

Los pueblos invasores constituyeron una fuerza reducida en comparación con el grueso de la población peninsular. Dentro de este contingente militar, se pueden diferenciar dos grupos: una minoritaria élite dirigente, de origen árabe, que se asentó en las principales tierras, frente a una mayoría de origen bereber que constituyó el grueso de las tropas y se asentó en las tierras más pobres del centro peninsular. El descontento bereber motivó una revuelta en el año 740, para sofocar la cual llegaron refuerzos árabes procedentes de Siria que acabaron asentándose en la Península. Al final, la mayoría de los bereberes regresó al Norte de África.

Hasta el año 1030 podemos diferenciar tres etapas en la evolución política de Al-Andalus.

a) El Emirato Dependiente de Damasco (711-756). En un principio, Al-Andalus se organiza como un territorio gobernado por un emir que representa a la autoridad del califa de Damasco. Este periodo marca el fin de la expansión islámica ante dos importantes derrotas: la que se produce en Covadonga frente a los astures y cántabros del Norte, y la que se produce en Poitiers, donde los musulmanes son frenados por los francos.

– El Emirato Independiente (756-929). En 756 un príncipe de la familia Omeya, que había sido expulsada del califato por los abbasíes, se refugia en Al-Andalus. Éste consigue apoyos y se proclama emir con el nombre de Abderramán I, convirtiendo a Al-Andalus en un Estado independiente políticamente, aunque se reconoce la autoridad religiosa de los nuevos califas de Bagdad.

– El Califato de Córdoba (929-1030). En 929, Abderramán III, descendiente de Abderramán I, se proclama califa. Esto significa la ruptura no sólo política sino también religiosa con los califas de Bagdad. Se inicia un periodo de apogeo que se manifiesta en la superioridad militar de Al-Andalus, el fortalecimiento del poder del califa y el esplendor artístico y cultural. Al final del periodo destaca la figura de Almanzor, primer ministro del califa Hisham II, que impondrá un poder autoritario basado en el Ejército y someterá a los cristianos del norte a duras campañas de saqueo.

Califato de Córdoba

Califato de Córdoba

3. La crisis del siglo XI. Reinos de taifas e imperios norteafricanos

Imperio Almohade

Imperio Almohade

En 1030 es depuesto el último califa de Córdoba y se abre un nuevo periodo de inestabilidad para Al-Andalus. Podemos diferenciar dos etapas:

a) Los reinos de taifas (1030-1090)

En los años finales del Califato éste se encuentra sumido en una profunda crisis motivada por las disputas internas entre los distintos clanes dirigentes, que luchan por controlar al califa. El resultado final es la desaparición del Califato en 1030 y su división en una multitud de reinos independientes, llamados reinos de taifas, en los que cada uno de estos grupos antes enfrentados controla el poder. La división política del Califato marca el inicio de la decadencia de Al-Andalus, agravada por las guerras entre los diversos reinos, muchos de los cuales son absorbidos por los más fuertes. La fragmentación política de Al-Andalus supone el fin de la hegemonía militar de los musulmanes en la Península, manifiesta en dos hechos:

  • El gran avance conquistador de los reinos cristianos.
  • La sumisión de los reyes taifas a dichos reinos cristianos, a quienes deben pagar unos impuestos llamados parias para evitar ser conquistados por ellos.
Imperio Almorávide

Imperio Almorávide

La conquista de Toledo por el rey de León en 1085 pone en evidencia la debilidad de los taifas y éstos piden ayuda a los almorávides del norte de África.

b) Los Imperios norteafricanos (1090-1212).

Ante el avance militar de los reinos cristianos, los reyes de taifas piden ayuda a los almorávides. Se trataba de un grupo de bereberes, convertidos al Islam e impregnados de un fuerte fanatismo religioso, que había construido un Imperio en el Norte de África. Los almorávides llegan a la Península hacia el 1090 y frenan a los cristianos pero someten a los diversos reinos de taifas y los incorporan a su Imperio norteafricano. El fanatismo y el rigorismo religioso provocará, sin embargo, que los almorávides no cuenten con amplio apoyo entre la población de Al-Andalus.

Hacia 1145 otro grupo de bereberes, los almohades, se apoderan el Imperio almorávide, formando un nuevo imperio que abarca el Norte de África y Al-Andalus. Los almohades hacen de Sevilla la capital de su Imperio. Pero en 1212 los reyes cristianos infringen una severa derrota al ejército almohade en la Batalla de las Navas de Tolosa. Esta derrota marcará el fin del poderío militar almohade.

Los reinos de Taifas

Los reinos de Taifas

4. El Reino Nazarita de Granada (1238-1492)

Tras la debacle de las Navas de Tolosa, un destacado dirigente de la familia nazarí se hace fuerte en Granada y se proclama emir. Se constituye así un reino, convertido en el último reducto musulmán de la Península, y que abarca el área de la Cordillera Penibética. Este reino subsistió sometido al rey de Castilla, de quien el emir granadino era vasallo y al que tenía que pagar un tributo anual.

Finalmente, en 1492, los Reyes Católicos entrarán en Granada poniendo fin a la presencia política del Islam en la Península.

Reino de Granada

Reino de Granada

5. La organización económica y social

a) Economía andalusí.

Desde el punto de vista económico, Al-Andalus significó una revitalización de las actividades productivas.

La agricultura experimentó un notable desarrollo, especialmente por la modernización de los sistemas de regadío de época romana, y por la introducción de nuevos cultivos (arroz, cítricos, azafrán, algodón, caña de azúcar, etc.).

Pero quizás lo más destacado fue la revitalización de las ciudades, sobre todo por el impulso de las actividades urbanas. Así, la artesanía conoció un desarrollo notable con la producción de artículos de lujo y de otros bienes introducidos por los musulmanes (papel, seda). Más notable fue el desarrollo del comercio a larga distancia, favorecido por el control musulmán del Mediterráneo y el acceso al oro sudanés que los nómadas del desierto del Sáhara traían hasta la costa norteafricana.

b) La sociedad andalusí.

La sociedad se estructuraba en varios grupos atendiendo a los siguientes criterios:

– Desde el punto de vista religioso, la sociedad se dividía en musulmanes y no musulmanes. Los primeros estaban formados por los conquistadores pero, paulatinamente, se fueron incrementando con los muladíes. Eran estos los hispano-romanos que, por varias razones (promoción social, exención de impuestos, etc.) se fueron convirtiendo al Islam y acabaron constituyendo la mayoría de los musulmanes.

Entre los no musulmanes se encontraban dos grupos: los mozárabes, que eran los cristianos, y los judíos.

– Desde el punto de vista étnico habría que distinguir tres grupos: los árabes, que fueron una minoría y eran los descendientes de los conquistadores; los bereberes, que tras la revuelta del 740 apenas tenían importancia numérica, y los hispano-romanos que constituían el grueso de la población.

– Según el nivel socio-económico se diferenciaban varias categorías: la jassa era la aristocracia terrateniente, política y militar. Se oponían a la umma, integrada por el grueso de la población (campesinos, artesanos, comerciantes). En la base existía un grupo de esclavos, que no tenían la misma importancia económica que en la Antigüedad. Estos esclavos podían ser negros de origen africano o eslavos.

6. El legado cultural

Al-Ándalus conoció una etapa de gran esplendor artístico y cultural. A este desarrollo contribuyó la tolerancia que los dirigentes musulmanes mostraron hacia las otras religiones del libro (judíos y cristianos). Los periodos de mayor esplendor coincidieron con el Califato de Córdoba y los reinos de taifas, periodo éste último en que cada rey hizo de su reino una pequeña corte en la que se rivalizaba en arte y cultura. Sin embargo, la llegada de almorávides y almohades, con su rigorismo religioso y su intolerancia, significaron un notable retroceso.

El esplendor cultural andalusí se manifiesta en distintas disciplinas como la literatura, donde destacó Ibn-Hazm, la filosofía, donde Averroes se distinguió por su conocimiento del aristotelismo, o la Medicina, donde sobresalió el judío Maimónides.

El legado cultural andalusí se manifestó en la labor de recopilación del saber de la Antigüedad y, sobre todo, en el papel de Al-Ándalus como puente entre Oriente y Occidente. Efectivamente, a través de la España islámica se transmitieron a Europa importantes conocimientos clásicos y orientales. Así se difundieron por Europa el sistema de numeración arábigo, el ajedrez, la tradición narrativa hindú o el pensamiento aristotélico, recuperado por el antedicho Averroes.

7. La mezquita y el palacio en el arte hispano-musulmán

Mezquita de Córdoba

Mezquita de Córdoba

El Arte hispano-musulmán refleja las características de la sociedad andalusí y se puede sintetizar en tres rasgos: la influencia que recibe de culturas anteriores (como el arco de herradura visigodo), la pobreza de los materiales empleados (yeso, ladrillo, mampostería) y la rica decoración (geométrica, vegetal, versículos coránicos) que encubre esa pobreza material.

En una sociedad fuertemente impregnada de valores religiosos la mezquita es el edificio fundamental y la mezquita de Córdoba su principal exponente. Su construcción fue iniciada por Abderramán I y sufrió sucesivas ampliaciones hasta la época de Almanzor. El conjunto se organiza en varias estancias: el patio de abluciones, la sala de oraciones dividida en naves mediante un sistema de columnas y arcos superpuestos, y la quibla o muro final, orientado hacia el sur, y en donde se abre el mihrab, que guarda un ejemplar del Corán. Esta parte de la mezquita, de la época del califato, es la de mayor riqueza decorativa a base de mosaicos y arcos lobulados. En un lado del patio se levanta el alminar o minarete desde el que se llama a la oración aunque el mejor conservado es el de la mezquita de Sevilla, conocido como Giralda, ya de época almohade.

En la arquitectura civil el edificio más representativo es el palacio. Aunque se conservan restos del palacio de Medina Azahara en Córdoba y de la Aljafería de Zaragoza, el referente de palacio musulmán es la Alhambra de Granada, construido en época nazarí. El palacio consta de varias dependencias que, sin un orden claro, se disponen alrededor de patios interiores. Contrasta la austeridad del exterior con la rica decoración interior a base de mocárabes, lacerías y arquerías. Otro elemento fundamental es el jardín como se aprecia en el Generalife o palacio de verano en el que la combinación de la vegetación con el sonido constante del agua crea un ambiente parecido al del oasis en medio del desierto.

Alhambra de Granada

Alhambra de Granada


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