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La España del siglo XVII (1598-1700)

 Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0)Reconocimiento – NoComercial – CompartirIgual (by-nc-sa): No se permite un uso comercial de la obra original ni de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original.

1. La Decadencia de la Monarquía Hispánica

Los llamados Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) fueron testigos de la lenta decadencia de la hegemonía hispánica, que contrastaba con el esplendor y supremacía de los Austrias mayores durante el siglo XVI.

Esta decadencia estuvo motivada por varios factores:

– En toda Europa se vivió una depresión demográfica y económica pero en España se sufrió con especial agudeza ante el atraso técnico y la falta de inversiones en actividades productivas. Todo lo contrario de países como Inglaterra u Holanda que emergieron como auténticas potencias comerciales.

– Para mantener su hegemonía la Monarquía tenía que hacer frente a unas costosas guerras en Europa que absorbían gran parte de los recursos. Pero esta política se hizo inviable por dos razones: el agotamiento de las minas de metales preciosos americanas y el empobrecimiento de Castilla, el reino que había aportado los principales recursos económicos y militares. La Monarquía no pudo evitar la ascensión de Francia que con Luis XIV se convierte en la nueva potencia hegemónica en el Continente.

– Castilla había sido el reino que había sufragado los grandes costos de la política imperial, ya que allí el rey gozaba de un poder absoluto y tenía enormes facultades para establecer impuestos. Ante el agotamiento de Castilla, la Monarquía intentó que los demás reinos contribuyeran a los costos de la política exterior, lo que produjo una violenta oposición y el estallido de importantes conflictos.

2. Los Austrias del siglo XVII. Gobierno de validos y conflictos internos

Los Austrias menores se caracterizaron por su carácter débil y su escasa vocación política. Esto propició la delegación del gobierno en manos de los validos. El valido es una persona de confianza del rey, que carece de un cargo oficial pero en la práctica es el que ejerce el poder. Los más destacados validos fueron el duque de Lerma, valido de Felipe III, y el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. El gobierno de los validos hizo posible la existencia de casos de nepotismo y, de alguna manera, propició cierta recuperación del poder de la nobleza frente a la debilidad de la Monarquía.

Las continuas guerras en el exterior y el agotamiento de los recursos para financiar la política exterior fueron la causa última de una serie de conflictos internos.

En 1609 Felipe III decreta la expulsión de los moriscos. Con ello pretende crear una imagen de fortaleza y de defensa de la fe católica que pueda compensar la imagen de debilidad que se empieza a dar en el exterior.

Pero los principales conflictos se derivaron del programa de reformas diseñado por el Conde-Duque de Olivares, cuyo objetivo era obligar a todos los reinos hispánicos a costear la política imperial que hasta ahora soportaba Castilla.

El primer proyecto fue la llamada “Unión de Armas”. Se trataba de crear un ejército con la contribución de soldados y de dinero de cada uno de los reinos en proporción al peso de cada uno. Pero las Cortes de los diferentes reinos orientales se opusieron a esta medida.

En 1631 se decidió imponer un impuesto sobre la sal a cada región de Castilla. Esto motivó una revuelta en Vizcaya por considerar que se violaban sus fueros. Al final, se anuló el impuesto y se restableció la calma.

Finalmente, Olivares planteó la unificación jurídica de todos los reinos según el modelo de Castilla, lo que permitiría extender a todos los territorios el autoritarismo monárquico. Para ello redactó un memorial secreto en el que planteaba tres medios para conseguirlo: facilitar matrimonios mixtos entre ciudadanos de diferentes reinos, lo que sería muy lento. En segundo lugar, intentar negociar con cada reino bajo la amenaza de una intervención militar. La tercera y más rápida forma de lograrlo sería provocar una rebelión que se utilizaría como pretexto para una ocupación militar que, tras reprimir la revuelta, impondría como sanción las leyes de Castilla. Aunque este Memorial era secreto, pronto se conoció, motivando la oposición de los diferentes reinos y el estallido de la crisis de 1640.

Distribución de los moriscos antes de la expulsión

Distribución de los moriscos antes de la expulsión

 

Conde-duque de Olivares por Velázquez

Conde-duque de Olivares por Velázquez

3. La crisis de 1640

El descontento provocado por los proyectos reformistas de Olivares, especialmente en los reinos periféricos, estalla en 1640 en una serie de revueltas que están a punto de ocasionar la disolución de la Monarquía Hispánica.

a) La rebelión de Cataluña.

La guerra contra Francia obligó a estacionar tropas en Cataluña. Los abusos y desmanes de los soldados, unido al recelo provocado por el proyecto de unificación jurídica de Olivares, crearon un gran malestar agravado por las medidas represivas del virrey. La revuelta estalló cuando el día del Corpus (Corpus de la Sangre) los segadores que acuden a Barcelona para ser contratados desatan su ira contra el virrey, que es asesinado. Los catalanes cuentan con el apoyo de Francia, cuyo rey es proclamado conde de Barcelona. Pero la presión francesa resultó peor que la española y el avance de las tropas de Felipe IV determinó la rendición de Cataluña en 1652, a cambio de que sus fueros fueran respetados.

b) La independencia de Portugal.

En Portugal crecía el descontento pues su integración en la Monarquía Hispánica lo hacía blanco de los ataques de Holanda y Francia. Además, la Monarquía Hispánica era incapaz de garantizar la defensa del imperio portugués. Aprovechando la crisis catalana, un grupo de nobles portugueses proclama a Juan IV de Braganza como rey de Portugal. La ayuda de Francia e Inglaterra, y la concentración de recursos militares en Cataluña, aseguraron la independencia de Portugal. Sólo Ceuta mantuvo su vinculación con España pasando a formar parte de Castilla.

c) Las conspiraciones nobiliarias en Andalucía y Aragón.

Simultáneamente, elementos de la nobleza andaluza y aragonesa protagonizaron conspiraciones para proclamar la independencia de estos territorios. Pero estos planes fueron descubiertos a tiempo y no pudieron llevarse a cabo.

4. El ocaso del Imperio español en Europa

El siglo XVII comienza con un periodo de paz, que coincide con el reinado de Felipe III, y que es resultado del agotamiento y la falta de recursos para hacer frente a los diferentes conflictos heredados. Así, se firman la paz con Inglaterra y una tregua en los Países Bajos, que suspende temporalmente la guerra con las provincias rebeldes del norte, embrión de la futura Holanda.

Pero durante el reinado de Felipe IV la Monarquía Hispánica se ve envuelta en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Se trata de un conflicto europeo en el que un conjunto de potencias y príncipes protestantes (Holanda, Suecia, Dinamarca), a los que se suma Francia, se enfrentan a la hegemonía que representa la alianza de las dos ramas de los Habsburgo, (la Monarquía Española y el emperador alemán, apoyado por los príncipes católicos alemanes). La guerra termina en 1648 con la Paz de Westfalia, por la que la Monarquía Española debe reconocer la independencia de Holanda y aceptar el fin de la hegemonía de los Habsburgo.

Sin embargo, la guerra continúa con Francia hasta que en 1659 se firma la Paz de los Pirineos. Este tratado consolida a Francia como la nueva potencia hegemónica, que recibe de España los condados del Rosellón y parte de la Cerdaña.

Finalmente, Carlos II tiene que enfrentarse a la política agresiva de Francia, cuyo rey Luis XIV se dispone a ampliar sus dominios a costa de la debilidad de España. A lo largo de varias guerras, Carlos II debe cederle a Francia el Franco Condado y varias ciudades en los Países Bajos del Sur.

5. El final de la dinastía y el problema sucesorio

Carlos II, último rey de la casa de Austria, fue víctima de la política de alianzas matrimoniales de los reyes de la dinastía. La elevada consanguinidad de los matrimonios de sus antecesores favoreció el hecho de que Carlos II fuera un niño enfermizo y débil, pronto conocido como Carlos el Hechizado. Durante su reinado, se produce el declive definitivo de la Monarquía Hispánica, que se agudiza con el problema sucesorio:

A pesar de sus dos matrimonios, Carlos II era incapaz de engendrar un heredero, lo que motivó la atención de las grandes potencias europeas, dispuestas a aprovechar la crisis de la dinastía para repartirse los restos del Imperio español en Europa. Ante la próxima muerte del rey, dos candidatos aparecen como posibles sucesores de Carlos II:

  • Carlos de Habsburgo, archiduque de Austria e hijo del emperador alemán.
  • Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto del rey Luis XIV de Francia.

Finalmente, en su testamento Carlos II designa heredero a Felipe de Anjou, considerando que un rey de origen francés haría posible la ayuda de la poderosa Francia para asegurar el mantenimiento del Imperio frente a las ambiciones de las demás potencias europeas.

Cuando Carlos II muerte en 1700, Felipe V es proclamado como primer rey de la dinastía Borbón. La cuestión que queda por resolver es si las demás potencias europeas aceptarán la solución dada por Carlos II a su sucesión.

Disminución de los dominios de la Monarquía Hispánica en Europa

Disminución de los dominios de la Monarquía Hispánica en Europa

6. Evolución económica y social

Durante el siglo XVII la población experimentó un descenso, provocado por la influencia del hambre, las epidemias y la guerra. A esto se suma la expulsión de los moriscos, que supuso una gran sangría en Valencia y Argón.

La economía del siglo XVII conoció una época de estancamiento y de crisis.

La agricultura se vio perjudicada por el acaparamiento de tierras por la nobleza y el clero, que llegaban a usurpar tierras comunales de las que antes se aprovechaban los campesinos. Esto, unido a los impuestos crecientes, provocó el abandono de tierras por muchos campesinos incapaces de subsistir y el descenso de la producción, pues los poderosos tampoco invierten en mejorar sus explotaciones. La expulsión de los moriscos ocasionó además la quiebra de las huertas del Levante y el valle del Ebro.

La artesanía conoció también un fuerte declinar ante la competencia de las manufacturas europeas, de mejor calidad y precio.

Por último, el comercio con las Indias acabó cada vez más controlado por extranjeros, que recurrían al contrabando o se registraban a través de intermediarios. Además, la escasa producción de manufacturas castellanas favoreció fue fueran los productos europeos los que inundaran el mercado americano.

Este panorama afectó gravemente a la sociedad. Se constata un aumento de los estamentos privilegiados. La nobleza crece ya que el rey, para obtener dinero, vende títulos nobiliarios. Por otra parte, el clero se nutre de personas sin vocación que buscan en la carrera eclesiástica una salida a la crisis. Los estamentos privilegiados ven además reforzado su poder e influencia ante la debilidad de la Monarquía.

Dentro del Tercer Estado encontramos otros cambios. Comienza a manifestarse la traición de la burguesía, es decir, el abandono de sus actividades tradicionales para buscar el ennoblecimiento, comprando un título y adquiriendo tierras.

Los sectores populares son los que más sufren esta situación, pues a la crisis económica se une la subida de los impuestos, especialmente graves para los campesinos. Esto provoca el incremento de la mendicidad y del bandolerismo, que para muchos es la única vía de escape.

Retrato de Carlos II

Retrato de Carlos II

Mendigos y pordioseros según Murillo

Mendigos y pordioseros según Murillo

7. Esplendor cultural. El siglo de Oro

La mentalidad imperante en el siglo XVII sigue aferrada a los valores tradicionales: la dignidad y el honor que se asocian a la nobleza y la defensa de la religión católica. Se mantuvieron así los prejuicios contra las actividades productivas. Además el control que ejerce la Iglesia sobre la cultura y la sociedad favoreció que España quedase apartada de la revolución científica del siglo XVII. Sólo destacó la labor de los arbitristas, expertos que elaboraban informes analizando las causas y posibles soluciones a los problemas de la Monarquía.

Sin embargo, en el terreno artístico hubo un notable esplendor que permite hablar del Siglo de Oro (es la época de Cervantes, Velázquez, Lope de Vega). Es una época dominada por la cultura barroca que se caracterizan por lo siguiente:

– Es una cultura conservadora, puesta al servicio de la Iglesia, la nobleza y la Monarquía Absoluta y que subraya sus valores: el honor, la defensa de la fe católica o el carácter divino del rey.

– Al mismo tiempo es una cultura popular, ya que lo que pretenden las elites es transmitir estos valores al pueblo y justificar así su preeminencia social. Ejemplos del carácter popular de esa cultura es el desarrollo del teatro o la imaginería religiosa.

– Como consecuencia de lo anterior, es una cultura emotiva ya que intenta contactar con el pueblo mediante la manipulación de sus sentimientos, y por ello busca la movilización de los súbditos mediante la compasión, el dolor, la exageración, lo grotesco, etc.

– Por eso las manifestaciones artísticas están recargadas, con una ornamentación excesiva que busca llamar la atención del pueblo, despertar esos sentimientos y transmitir mejor esa ideología conservadora.

Representación teatral en un corral de comedias

Representación teatral en un corral de comedias


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