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El reinado de Alfonso XII (1874-1885). El sistema canovista y la Constitución de 1876

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1. Concepto y cronología de la Restauración

Se conoce como “Restauración” al periodo histórico que abarca desde la proclamación de Alfonso XII como rey en 1874, hasta el golpe militar de Primo de Rivera en 1923. El origen del término Restauración se encuentra en el retorno de la dinastía de los Borbones. Pero hay que tener en cuenta que no sólo se restaura la dinastía, sino también el dominio social, político e ideológico de la oligarquía que había perdido el control del poder con la revolución de 1868. (No hay que confundir este periodo con la Restauración europea que siguió a la derrota de Napoleón en 1814).

El periodo se puede dividir en dos grandes etapas:

a) La llamada Monarquía de Sagunto, de 1874 a 1902. En esta fase se sientan las bases del sistema político, que empieza a funcionar con normalidad. A su vez, en esta etapa se pueden distinguir dos periodos:

– Reinado de Alfonso XII (1874-1885).

– Minoría de Alfonso XIII y regencia de Mª Cristina de Habsburgo (1885-1902).

b) El reinado constitucional de Alfonso XIII, entre 1902 y 1923, que coincide con la crisis y la descomposición final del sistema político de la Restauración.

Alfonso XII

Alfonso XII

Cánovas del Castillo

Cánovas del Castillo

2. Orígenes de la Restauración

La restauración de los Borbones tiene sus raíces en varios hechos:

– El deseo de la oligarquía de recuperar el poder perdido en 1868. A este deseo se suma la obsesión por controlar y hacer callar las reivindicaciones populares que han cobrado fuerza durante el periodo democrático del Sexenio. Para la oligarquía, la vuelta de los Borbones es la mejor garantía de la recuperación del poder.

– La abdicación de Isabel II en su hijo, el príncipe Alfonso, que se realiza en el exilio en 1870. Este hecho es fundamental para renovar la imagen de la dinastía, que tan dañada había quedado tras el reinado de Isabel II. Sólo con un príncipe joven podía la dinastía recuperar el apoyo y la estima ante la opinión pública.

– La labor desarrollada por Cánovas del Castillo, verdadero artífice de la Restauración y jefe de lo que se empezó a conocer como el partido alfonsino. Cánovas pretendía que la vuelta de los Borbones se hiciera como resultado de la voluntad popular y a tal fin hizo una campaña intensa promocionando la imagen del príncipe Alfonso. En este sentido se entiende el Manifiesto de Sandhurst, redactado por Cánovas en 1874 pero firmado por el príncipe Alfonso, en el que éste ofrece una Monarquía que sería capaz de compaginar los principios liberales con el orden y la estabilidad.

– Finalmente, la impaciencia de sectores de la oligarquía y del ejército propiciaron el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, que proclamó rey a Alfonso XII. El pronunciamiento contradecía la idea de favorecer la restauración como resultado de la voluntad popular, pero Cánovas no desaprovechó esta oportunidad.

Caricatura de 1870 sobre la abdicación de Isabel II en el príncipe Alfonso

Caricatura de 1870 sobre la abdicación de Isabel II en el príncipe Alfonso

3. Los condicionantes del sistema político

Cánovas del Castillo no sólo dirigió la estrategia para facilitar la vuelta de los Borbones, sino que además preparó las bases del nuevo sistema político. El sistema político canovista estaría condicionado por varios factores:

– Tras la experiencia democrática vivida por la sociedad española durante el Sexenio se hacía difícil volver a un sistema autoritario. Por ello, el nuevo sistema político debía conservar la apariencia liberal, con una Constitución que garantizara los derechos y deberes individuales y en el que las Cortes fueran el centro del poder.

– Era necesario asegurar la estabilidad política, evitando la caída y formación de gobiernos mediante pronunciamientos o levantamientos populares, que introducían el riesgo de acabar, como en 1868, en una revolución que devolviese el poder a las masas.

– Pero, al mismo tiempo, el sistema debía garantizar el dominio político y social de la oligarquía terrateniente, industrial y financiera, es decir, los grupos sociales que habían auspiciado la vuelta de los Borbones y cuya hegemonía pretendían recuperar.

4. Bases teóricas del sistema canovista

Para conseguir estos objetivos, Cánovas se basó en tres principios: la Constitución interna, la Constitución escrita y el bipartidismo.

a) La Constitución interna: según Cánovas, todas las naciones son resultado de una evolución histórica, a lo largo de la cual se forja una serie de normas y tradiciones asentadas a lo largo del tiempo. Este conjunto de normas y tradiciones no escritas constituyen la llamada constitución interna, que debe ser asumida por el sistema político para que éste sea viable en el país. Pues bien, rastreando en la constitución interna de España, Cánovas deduce que las dos instituciones fundamentales en la evolución histórica han sido el rey y las Cortes. Por tanto, la Monarquía y las Cortes debían ser las instituciones clave del nuevo sistema político. Con esta teoría Cánovas justifica el principio de soberanía compartida y los planteamientos del liberalismo doctrinario.

b) La Constitución escrita: Cánovas es consciente de la evolución de los tiempos y que los principios básicos del sistema político deben quedar recogidos en un texto constitucional. A tal fin, crea una Comisión de Notables, encargada de elaborar el proyecto constitucional. Seguidamente convoca elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal. Estas Cortes serán las que aprueben la Constitución de 1876.

La Constitución de 1876 es la que más tiempo ha estado en vigor en España. Recoge elementos de la Constitución democrática de 1869 pero, sobre todo, de la Constitución moderada de 1845. Se caracterizó por su elasticidad, es decir, una formulación muy genérica para que pudiera ser aceptada por los dos grandes partidos. Sus principales rasgos son los siguientes:

– Establece el principio de soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.

– Recoge la amplia declaración de derechos y libertades de la Constitución de 1869, aunque formulados de forma muy general lo que permitía que el gobierno de turno pudiera desarrollarlos o limitarlos.

– Se reconocía el carácter oficial de la religión católica aunque también se reconoce la libertad de cultos a nivel privado.

– Las Cortes son bicamerales. El senado recupera el carácter elitista ya que sus miembros pertenecían a la alta nobleza, jerarquía eclesiástica y dignidades del Estado o eran elegidos directamente por el Rey. El Congreso de los Diputados era elegido por la Nación, pero la Constitución no especificaba el tipo de sufragio.

– Las Cortes ejercían el poder legislativo con el Rey.

– El Rey ve incrementados sus poderes: además de compartir el poder legislativo con las Cortes, ejerce el poder ejecutivo a través del Jefe de Gobierno y dispone de derecho de veto.

– La Justicia vuelve a ser considerada una administración del Estado y no se contempla la existencia del jurado.

c) El bipartidismo: por último, deseando crear un sistema político estable, Cánovas se inspira en el modelo británico, ejemplo de Monarquía parlamentaria que no había conocido revoluciones o pronunciamientos. El éxito del sistema británico residía en la alternancia en el poder de dos grandes partidos: el Conservador y el Liberal. Para poner en práctica ese sistema, Cánovas creó su propio partido, el Partido Liberal Conservador, conocido simplemente como Partido Conservador, formado con elementos del antiguo partido moderado, la Unión Liberal y el partido progresista. Para completar el sistema, Cánovas contó con la colaboración de Sagasta, que fundó el partido Liberal Fusionista, o Partido Liberal, a partir de personalidades del partido demócrata y republicanos moderados.

Estos dos partidos debían ser los únicos capacitados para ejercer el gobierno, pues son los únicos que aceptan la dinastía y la Monarquía. Por eso fueron conocidos como partidos dinásticos. Los partidos que no aceptaban la dinastía (partido carlista) o la Monarquía (republicanos) quedarían excluidos del juego político. Al estar garantizada la alternancia en el poder de los dos grandes partidos ninguno de ellos se sentiría inclinado a recurrir al pronunciamiento o a las algaradas populares para derribar el gobierno. Se conseguiría así la tan ansiada estabilidad política.

En realidad, los dos partidos dinásticos se identificaban con los intereses de la oligarquía. Sus diferencias eran más aparentes que reales. El Partido Conservador mostraba una mayor tendencia hacia el autoritarismo y tenía más apoyo entre los terratenientes. El Partido Liberal era más tolerante hacia la oposición política y tenía más partidarios entre la burguesía financiera e industrial. Pero ambos aceptaban las medidas adoptadas por el otro partido en su acción de gobierno.

Caricatura sobre el turnismo: en la primera viñeta Sagasta prepara la comida a Cánovas, mientras España como criada friega los platos al fondo. En la segunda viñeta Cánovas le prepara la comida a Sagasta, y España al fondo sigue fregando los platos

Caricatura sobre el turnismo: en la primera viñeta Sagasta prepara la comida a Cánovas, mientras España como criada friega los platos al fondo. En la segunda viñeta Cánovas le prepara la comida a Sagasta, y España al fondo sigue fregando los platos

5. La práctica del sistema

Con estas bases se configura un sistema liberal cuyo funcionamiento teórico es el siguiente: El presidente del gobierno debía contar con la doble confianza del rey y las Cortes. Por lo tanto, cada cinco años, el rey disolvía las Cortes y convocaba elecciones. En función de los resultados electorales, el partido que obtuviera la mayoría estaría en condiciones de formar gobierno, y recibiría ese encargo del rey.

Pero, en la práctica, el sistema funcionaba de otra manera:

-La alternancia de los dos partidos dinásticos estaba pactada y decidida de antemano, en lo que se conoció como el turnismo. Tras haber controlado el gobierno, el partido de turno aceptaba pasar a la oposición y ceder el poder al otro partido.

– Por lo tanto, lo que determinaba los cambios de gobierno no eran los resultados electorales. Una vez acordado el cambio de gobierno, el rey convocaba las elecciones. Éstas, convenientemente manipuladas mediante el entramado del caciquismo, aseguraban una victoria electoral al partido al que tocaba gobernar.

– La manipulación electoral aseguraba que el gobierno estuviera en manos de los dos partidos dinásticos, que aseguraban los intereses de la oligarquía. Los demás partidos podían presentarse a las elecciones pero, ante el muro del caciquismo, era imposible que pudieran obtener una representación suficiente como para poner en peligro el sistema y la hegemonía de la oligarquía.

Caricatura sobre la manipulación electoral: Sagasta llevado en volandas por miembros de la oligarquía seguido por una procesión donde aparecen urnas electorales secuestradas, discapacitados sobornados, electores apaleados o lázaros en un carro de difuntos. El embudo hace alusión a la famosa ley en que se ha convertido el sufragio universal: “lo ancho para mí, lo estrecho para ti”

Caricatura sobre la manipulación electoral: Sagasta llevado en volandas por miembros de la oligarquía seguido por una procesión donde aparecen urnas electorales secuestradas, discapacitados sobornados, electores apaleados o lázaros en un carro de difuntos. El embudo hace alusión a la famosa ley en que se ha convertido el sufragio universal: “lo ancho para mí, lo estrecho para ti”

6. El caciquismo

El entramado caciquil se convirtió, por tanto, en la base del sistema.

En Madrid, el ministro de la Gobernación era el encargado de organizar las elecciones y procedía a realizar el encasillado. Se denominaba así a la selección de los candidatos que debían ser elegidos en cada circunscripción electoral.

A continuación, el ministro daba las instrucciones pertinentes a los gobernadores civiles de cada provincia que, a su vez, se ponían en contacto con los caciques, último eslabón de la cadena y base del sistema. El cacique es aquella personalidad, como el terrateniente, que por su riqueza y poder económico ejerce una notable influencia sobre amplias capas de la población y puede influir en su voluntad, especialmente en las áreas rurales. Esta influencia se utilizaba para manipular las elecciones. Los métodos podían ser varios:

– Chantaje sobre la población, a la que se prometían ciertos beneficios (carreteras, estación de ferrocarril, etc.) a cambio del voto por el candidato adecuado.

– Extorsión directa sobre la población a la que se exigía el voto a cambio de determinados favores (conseguir un empleo, una recomendación, contratación de los jornaleros del término municipal, etc.).

– Inflado del censo electoral con la inclusión en el mismo de los difuntos (los llamados lázaros).

– El simple pucherazo o cambio de urnas una vez terminada la jornada electoral, cuyo recuento se hacía a puerta cerrada y custodiado por la Guardia Civil.

– La compra del voto mediante el reparto de puros o vasos de vino.

– La amenaza o la violencia sobre grupos dispuestos a no secundar las indicaciones del cacique (actuaciones del llamado partido de la porra).

Caricatura sobre la manipulación electoral: el cacique acude a pedir el voto del difunto

Caricatura sobre la manipulación electoral: el cacique acude a pedir el voto del difunto

Mapa de España publicado en la época: al frente de cada provincia figura el retrato del principal cacique y fabricante de votos en la circunscripción

Mapa de España publicado en la época: al frente de cada provincia figura el retrato del principal cacique y fabricante de votos en la circunscripción

7. Consecuencias del sistema político canovista

El sistema político así diseñado estuvo vigente durante todo el periodo de la Restauración, con importantes consecuencias:

-Gracias al turnismo se consiguió una estabilidad política que hizo que el sistema político canovista estuviera vigente durante casi 50 años.

– Se logró la pervivencia de un sistema liberal en el que los derechos y libertades individuales pudieron ejercerse, en general, con amplias garantías.

– Sin embargo, todo esto se logró a base de la manipulación y el falseamiento de la voluntad popular mediante el entramado del caciquismo. Por esta razón, pese a su apariencia liberal, el sistema en la práctica se convirtió en una verdadera oligarquía.

8. La acción de los gobiernos

Durante la mayor parte del reinado de Alfonso XII el gobierno estuvo en manos del propio Cánovas del Castillo. Su labor política se centró en tres puntos:

a) El sometimiento del ejército al poder civil. Los militares volverían a los cuarteles y se puso fin a su intervención en la política a través del pronunciamiento.

b) La pacificación del reino, poniendo fin a las dos guerras abiertas:

– En 1876 se pone fin a la Tercera Guerra Carlista.

– En 1878 finaliza la Primera Guerra de Cuba o Guerra de los Diez Años con la Paz de Zanjón, por la que se promete a los cubanos reformas administrativas.

c) La limitación de los derechos y libertades recogidas en la Constitución: la nueva Ley Electoral reinstauraba un sufragio censitario muy restrictivo, se recortaba la libertad de imprenta y se restringía la libertad de cátedra en la enseñanza, lo que provocó la expulsión de varios profesores universitarios.

En 1881 se produce la primera alternancia y Sagasta se hace con el poder. Sus medidas se orientaron a liberalizar el régimen dando más garantías a la libertad de imprenta, tolerando a las asociaciones obreras y permitiendo a los partidos republicanos salir de la clandestinidad.

 

Tras la Revolución de 1868 el madrileño Parque del Retiro fue abierto al público. Estos jardines se convirtieron después en el escenario para toda la simbología monumental de la Restauración. En la imagen superior aparece el monumento a Alfonso XII que se levanta junto al estanque. En la imagen inferior figura la escultura ecuestre del general Martínez Campos, situada junto al Paseo de Coches del parque


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